Y TOMA EL HOMBRE EL LAPIZ
POR SU CUENTA…
En
la libertad que Dios ha dado al ser humano, es la misma persona, quien le da
nombre y significado a lo que existe; define parámetros para medir y clasificar
aspectos como: belleza, dignidad, valor, oportunidad.
Y
ante lo que es diferente y no encuentra explicación, muchas veces es mejor
rechazarlo, minusvalorarlo, limitarlo; porque lo desconocido suele ser un
enigma para la humanidad; y al hombre le interesa creer sabérselas todas,
controlar y ser el dueño de todo.
“La
historia la escriben los historiadores, sin contar con la opinión de los que
hacen parte de ella”. Dice el Abuelo, Xavier Estrada.
Y
es que a lo largo de la historia, se nos ha trazado un destino a las personas
de talla baja, que nos alejan de posibilidades, oportunidades y la dignidad que
merecemos como seres humanos que somos.
Y
aparece que las personas que tenemos alguna condición física o discapacidad se
consideraba que “no dábamos la talla” por eso, el destino final era, circos, exhibiciones,
personas de compañía, que se vendían y compraban, destinados a tener un dueño o
un oficio minusvalorado.
Hay
tantas teorías erróneas y llenas de ignorancia y fantasía, que aún en el siglo
XXI en mundo globalizado, hay personas que mantienen esa mentalidad arcaica, en
la que se cree, que las personas de talla baja, llamadas peyorativamente como
enanos, somos mágicas, damos suerte, divertimos, concedemos a quien nos posee
cierta alcurnia, como la realeza que siempre trataba de tener en su corte a una
persona de talla baja.
Es
mucho lo que se dice, de nosotros y que aún se utiliza para hacer películas,
sagas, programas de tv, entretenimientos, shows, espectáculos, chistes que si
bien o mal, a muchos les agrada y les representa una fuente de ingreso laboral;
para muchos otros, es estigmatiza y rotula a tantos y tantas que queremos
romper con esos estigmas que limitan, señalan y aparecen en cualquier momento y
lugar, para incomodar y hacer sentir mal.
No
hay problema con los que libremente sienten que el camino ideal de su suerte es
el mismo que se ha mantenido a lo largo de la historia, entretener, venderse,
hacer reir, divertir y demás; pero hablo por tantos y tantas que como yo,
simplemente queremos que nos saquen de ese cuento, que no nos relacionen con mitología,
ni pintura, ni circos, ni objetos que se venden como son considerados muchos
seres humanos.
Estamos
reescribiendo la historia, con páginas llenas de inclusión, donde se rompen
paradigmas, las diferencias tienen el mismo valor; el significado de las
palabras no se conjugan con sentimientos crueles, y los niños que vienen se ven
al espejo tranquilos sin sentirse diferentes, sin tener miedo de ser señalados
o comparados con elfos, duendes, payasos, simplemente saberse y vivir como
cualquier ser humano.
Sácame
de tu cuento, así simplemente; y si quieres decirme de alguna forma, llámame
por mi nombre y aprenderás a conocerme.

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